sábado, 30 de septiembre de 2017

EL ASESINATO DE SANCHEZ CERRO

La mañana del domingo 30 de abril de 1933, las tribunas de madera del antiguo Hipódromo de Santa Beatríz se encuentran abarrotadas de un público entusiasta entre hombres, mujeres y niños. El Presidente Luis Sánchez Cerro (1889-1933) sube por las escaleras hasta la tribuna oficial. Ahí lo esperan diplomáticos, militares de alto rango, representantes al Congreso además de algunas hermosas mujeres vestidas con sus mejores galas. Se escuchan los aplausos y, a lo lejos, se oyen los acordes del Himno Nacional tocados por la banda del ejército y los jóvenes -de toda condición social- con sus impecables uniformes rojos, están listos para iniciar el desfile. Hay un entusiasmo  pero, al mismo tiempo, se siente un nerviosismo. Al finalizar, el Nuncio Apostólico, Monseñor, Gaetano Cicognani, imparte la bendición a los veinticinco mil jóvenes que se alistan para ir a combatir  en el conflicto armado con Colombia. Terminada la ceremonia, el lugar va quedando vacío, parte del público se retira. Los jóvenes con sus cristinas marchan de retorno a sus cuarteles. Sánchez Cerro, sin protección alguna sobre su cuerpo, desciende por las tribunas, sube a su automóvil descapotable, el mismo con el que llegó. A su lado, toma asiento su Primer Ministro, el doctor José Matías Manzanilla; además, lo acompañan en el auto su Edecán Mayor y el Jefe de la Casa Militar. Mientras tanto, largas filas de hombres y mujeres se forman desde la tribuna hasta la salida del hipódromo; gente que aplaude, que quiere tocarlo, darle la mano. Delante del automóvil, avanza lentamente la escolta de caballería, que se abre paso ante la multitud, hasta llegar a las puertas del recinto. Afuera, una plaza fría, vacía y en ella, una solitaria palmera con sus hojas secas y polvorientas. No hay cordón policial, ni gendarmenes que impidan el acercamiento del público.

Esa madrugada del 30 de abril fue una madrugada frías. En el antiguo Palacio de Gobierno, Sánchez Cerro -un hombre pequeño, apenas pesaba un poco más de cincuenta kilos, de tez oscura, ojos y cabellos negros- se levantó muy temprano. Se vestía tranquilo. Sobre su cama, lo esperaba listo su uniforme de general. Tenia que ir vestido de militar pues pasaría revista a las tropas. A un costado, se hallaba la cota de malla, regalo que días antes, había recibido de un diplomático extranjero amigo suyo que temía por su vida. Se miró al espejo, acomodó los últimos detalles pero, se sentía incomodo, algo le ajustaba. Se desvistió y se volvió a vestir pero sin colocarse la cota. Sánchez Cerro se olvidó en esos momentos del atentado contra su vida ocurrido apenas unos meses atrás en Miraflores! En esos momentos tocaron a su puerta, era la hora de salir. En el estacionamiento habían varios automóviles uno de ellos era blindado, a prueba de balas, comprado en el gobierno anterior. No quiso subir en él. Se subió al vehículo descapotable, un Hispana - Suiza y partió hacia su destino.

Mientras el automóvil sigue su recorrido lentamente, el presidente continua sonriente, estrechando las manos a todos los transeúntes que se le acercan. De pronto, entre los aplausos y vítores, se escuchan algunas detonaciones. Un individuo, que están entre el público, corre hacia el automóvil y dispara a quemarropa sobre la espalda del mandatario. Un disparo, luego otro. Desde aquella solitaria palmera salieron otros disparos más. Todo sucedió en muy corto tiempo. Entre el alboroto y los gritos la escolta busca al homicida. Se oyen algunas voces, ese es! Los edecanes disparan otros militares hacen lo mismo. Abelardo Mendoza Leiva cae tendido al piso falleciendo a los pocos instantes. Con el alboroto también lograron huir los que dispararon desde esa solitaria palmera.

"Para los apristas Sánchez Cerro representó una valla difícil de vencer. Había que destruirla y eso hicieron".

Al Hospital Italiano, rápido! Faltan quince minutos para la una de la tarde. El camino hacia el hospital (Av. Abancay) es corto; el automóvil del presidente pasa a toda velocidad ante la mirada sorprendida de miles de curiosos que están en las calles. Sánchez Cerro va  al costado del doctor Manzanilla, sus ojos están abiertos pero vidriosos. La noticia del atentado corre como reguero de pólvora por la ciudad. A los pocos minutos, cientos de humildes artesanos, obreros, personas modestas y mujeres lloran ante las puertas del hospital. Al rato, sale del hospital el Primer Ministro José Matías Manzanilla acompañado del General Oscar R. Benavides, ambos se dirigen al Palacio de Gobierno. En el cuarto número ocho, los doctores, Brignardello, Rocha y Raffo, hacen esfuerzos por salvarle la vida al mandatario pero es inútil. Sánchez Cerro fallece a la una y diez de la tarde. Para dar a conocer del fallecimiento a la multitud congregada en las afueras del local, aparece, sobre el edificio, la bandera del Perú izada a media asta. Esa misma noche -una noche silenciosa- cientos de ciudadanos  retiran el ataúd del hospital y lo trasladan en hombros rumbo al Palacio de Gobierno, al pasar frente a la Iglesia de La Merced, sonaron sus campanas. En Palacio el féretro es recibido por el nuevo presidente, el General Oscar R. Benavides y es colocado en la capilla. Luego más tarde, sus restos son trasladados hasta la Iglesia del Sagrario donde miles de personas, durante tres días, y rodeados de miles de arreglos florales, hacen largas colas por ver al caudillo.

Bibliografía: Sánchez Cerro y su tiempo, Carlos Miro Quesada Laos  


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1921, EL CENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA DEL PERU

Al asumir su segundo mandato el Presidente Augusto B. Leguía, en 1919, encuentra un país lleno de pesimismo, derrotado, precario, atrasado. Habían transcurrido treinta y ocho años desde que el Perú había sido derrotado en la Guerra con Chile, había tenido que firmar un tratado de paz con el vencedor; mientras seguían ocupadas tres provincias y una ya había sido arrebatada. Lima por ese entonces, era una gran aldea aletargada, adormecida, pueblerina, que carecía de agua, desagüe y alcantarillado, sus calles no estaban pavimentadas. Por sus calles discurrían las aguas servidas; las casas tienen pozos artesanales para extraer el agua. El alumbrado público es precario y esta a cargo de faroleros que durante las noches tranquilas, recorren las calles con sus pregones y sus escaleras para encender o apagar los faroles. Pero, si así era la capital donde residía la aristocracia, como serian entonces las provincias y los pueblos mas alejados.

Faltaba muy poco para el Centenario de la Independencia, apenas dos años. Las celebraciones tenían que volver al país al sitial que había perdido; estas celebraciones tenían que ser majestuosas, suntuosas, que contara con la presencia de las principales potencias del mundo, de esa manera también, Leguía consolidaría a su Gobierno a nivel nacional e internacional. Pero eso también lo sabían sus enemigos. Tres semanas antes de las celebraciones, la tarde del domingo 3 de julio de 1921, cuando ya estaban llegando a Lima las primeras delegaciones extranjeras, ocurrió un incendio en el Palacio de Gobierno, provocado por una explosión que detonó debajo del despacho presidencial y destruyó gran parte del Palacio incluido, los salones donde se iban a dar las recepciones a las misiones extranjeras además de las principales ceremonias. El Gobierno responsabilizó del siniestro a los civilistas por su intención de arruinar las fiestas. Leguía en su discurso ante el Congreso, advirtió a los miembros del Partido Civil que no lograrían sus fines, llamándolos los "incendiarios criminales". Pese a todo, el Palacio quedó reconstruido en tres semanas, con materiales provisionales que le devolvieron la misma suntuosidad que había perdido.

Para esas fechas, Lima no tenía hoteles adecuados para la calidad y cantidad de visitantes que llegaron a la capital, algunas familias alquilaron al Gobierno sus residencias.

Las delegaciones iban llegando, el Callao se vio congestionado por la cantidad de acorazados y cruceros que transportaban a príncipes,  presidentes, cardenales, almirantes, a las delegaciones y cuyas tripulaciones -argentinas, norteamericanas, francesas, inglesas, italianas y japonesas- iban a desfilar en la gran parada militar junto a las tropas peruanas. Se notó la ausencia, eso sí, de Venezuela debido al énfasis por la inauguración , el 27 de julio, de la Plaza San Martín, esto hizo temer a Venezuela, que no se rendirían los homenajes al Libertador Simón Bolívar, por lo que manifestó su malestar al Gobierno Peruano y se abstuvo de enviar una delegación. Posteriormente, se pensó que una manera de resolver el incidente era ponerle el nombre de Bolívar al primer hotel de la capital que se construiría, en los años siguientes, sobre la Plaza San Martín. No fue suficiente. Venezuela se hizo representar sólo por su embajador en Lima. Tampoco estuvo presente, por otras razones, la delegación de Chile.

Para las celebraciones se emitieron estampillas alusivas; quedó restablecida, por decreto del 24 de abril de 1921, la Orden "El Sol del Perú"; se creó la Medalla del Primer Centenario de la Independencia Nacional". Hubo muchos discursos, muchos banquetes y ceremonias. Hubo carreras de gala en el Hipódromo de Santa Beatríz. Se inauguró el monumento al Libertador San Martín, se abrió el Museo Bolivariano de la Magdalena Vieja. Diversas colonias hicieron obsequios, unos recibidos con mucha solemnidad, otros, de manera simbólica. El de la colonia alemana fue el Reloj del Parque Universitario; el de la española fue el Arco Morisco para levantarlo en la entrada a la avenida Leguía; el de la británica el estadio de Santa Beatríz. Algunas quedaron  postergadas para fechas posteriores como el monumento a Manco Cápac en La Victoria, obsequio de la colonia japonesa; el Museo de Arte Italiano, la Fuente China en el Parque de la Exposición, etc.

La celebración del Centenario de la Independencia, contó siempre con la masiva presencia popular, del entusiasmo de todos. Durante las fiestas no hubo jamas un grito hostil ni tampoco una voz de protesta contra el Presidente Leguía o contra el régimen, ni siquiera por parte de los civilistas. Todos se sentían orgullosos y con esperanza en el futuro.

Fuente:
- Leguía la historia oculta / Vida y muerte de Augusto B. Leguía, Carlos Alzamora
- Historia de la República del Perú, Jorge Basadre











































EL PASEO COLON

En el anho 1859, durante el gobierno de Ramón Castilla, se ordeno ejecutar el monumento a Cristóbal Colón -obra del escultor italiano Salvatore Revelli= inicialmente se dispuso la colocación del monumento en el ovalo de la Alameda de Acho en el Rímac. A comienzos del siglo XX, se ordeno su traslado frente al Parque Neptuno, entre la avenida Grau y el Palacio de Justicia. Fue en 1901, que el alcalde de eses entonces, Federico Elguera, dispuso se colocara en la recientemente inaugurada avenida 9 de Diciembre, fue a raíz de este cambio que la avenida fue rebautizada como el Paseo Colon.

EL PASEO COLON

Después de la debacle de la guerra con Chile en 1879, el Perú quedo destrozado. Sin embargo, después de veinte anhos nuestro país logro levantarse con mucho esfuerzo y habilidad de sus cenizas. A fines del siglo XIX, durante el gobierno de Nicolás de Piérola, se inicia el trazado y construcción de dos grandes avenidas: La Colmena -llamada también avenida Nicolás de Piérola- y la avenida 9 de Diciembre, esta última se inaugura recién en el anho 1900 con el Presidente Eduardo López de Romanha. El objeto de construir la avenida 9 de Diciembre, era unir la avenida Grau con una gran alameda de sauces que se encontraba en abandono y que, anhos mas tarde, en 1928, sería la nueva avenida Alfonso Ugarte. El alcalde de Lima Juan Martín Echenique, en su periodo de 1898 a 1899, fue uno de los que análisis se preocupó en embellecer el Paseo. Hizo construir aceras con piedras de cambraycillo, colocó empedrados en las calzadas con piedra corriente, se ocupó de canalizar las acequias con fierro; además, colocó fuentes de agua y grifos con agua contra incendios. Respecto a las bancas, en sus inicios estas fueron de mármol, pero a principios del siglo XX, se optó por colocar bancas de madera y fierro, finalmente, se cambiaron por otras de mármol.

"En aquel entonces -menciona Vladimir Velásquez- el Paseo Colón no era lo de ahora. Era una vía en la que la gente podía transitar, era más ancha, habían entre cincuenta y ochenta bancas de descanso para el transeúnte, habían áreas verdes, más amplias, había cantidad de jarrones de mármol, cada uno representaba una de las estaciones del anho". Otros elementos que se encontraban en este Paseo eran doce leones hechos de mármol, de los cuales solo quedan dos que son los que vemos hoy en las escalinatas de ingreso al Palacio de Justicia.

La fiesta de inauguración del monumento al héroe Francisco Bolognesi, en 1905, fue uno de los grandes acontecimientos del que fue testigo el Paseo Colón; el evento tuvo una duración de tres días. En esos tres días, se produjo una afluencia muy grande gente de todos los estratos sociales, algunos incluso, llegaron desde el interior del país. En esos días, la mayor parte de la ornamentación y de los edificios se hallaban profusamente iluminados con lámparas de gas o focos eléctricos de gran poder que proyectaban luz intensa. La estatua de Colón y la estación del tranvía habían sido bellamente iluminadas. La perspectiva que ofrecía el Paseo Colón no podía ser más hermosa.

"A las doce de la noche del sábado, la fiesta organizada por los esposos Boza-Tirado en su "palacete" del Paseo Colón, decorado con un exquisito gusto, alcanza su máximo esplendor, a esa hora, las parejas -vestidas con sus mejoras galas, algunos, de un lujo sorprendente- danzan en vistoso remolino. En los breves ratos de descanso que da la orquesta de Nello Coeci, el bullir de la charla y el vibrar de las risas son ensordecedores. En los jardines, donde caen enredaderas de hermosas buganvilias, se forman animados grupos alrededor de alguna dama atrayente o de algún joven locuaz".

A raíz de la apertura del Paseo Colón, considerado uno de los más aristocráticos de la ciudad pues se encontraba en medio del Parque de la Exposición, se produjo la mudanza de la clase alta limenha hacia los alrededores de este Paseo para vivir en los "palacetes"; también se construyeron casas - quintas y algunos chalets de estilo europeo. Según el historiador Pedro Dávalos Lissón, aquellas nuevas edificaciones no habían heredado nada de las antiguas casonas coloniales. Las construcciones difieren por sus características arquitectónicas y pertenecen a diferentes etapas de construcción. Las primeras fueron realizadas a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Las segundas, en 1909 y las terceras fueron construidas entre los anhos 1918 y 1924 o, posiblemente mas. Los arquitectos que intervinieron para disenhar estas joyas de la arquitectura -llamados también "palacetes"- fueron: Claude Sahut y Emile Robert de origen francés; mi abuelo, Ricardo de Jaxa Malachowski, de origen polaco; Víctor Mora y Rafael Marquina, ambos, de origen peruano. Otros edificios que destacan en el recorrido por el Paseo Colón son el antiguo Palacio de la Exposición, hoy Museo de Arte de Lima y, frente a él, se encuentra el antiguo Instituto de Higiene, hoy el Centro de Estudios Históricos Militares del Perú,

Hoy el Paseo Colón no es más lo que fue en sus mejores épocas, ya no se escuchan los festejos, hoy se escucha el ruido ensordecedor de las bocinas. Sus palacetes ya no son más escenario de suntuosas fiestas llenas de elegancia y glamour. Hoy esos palacetes -hermosos por cierto- están descuidados otros, abandonados a su suerte y las estatuas, incluida la de Cristóbal Colón, están cubiertas de polvo y sucias.

Fuente:
- Arqandina, Revista Mundial, Diario Perú 21, Lima la Única  

EL EDIFICIO BARRAGAN o EL EDIFICIO DEL PALAIS CONCERT

Por el anho de 1910, Lima era una gran aldea donde sus aguas servidas por sus polvorientas calles. Era una ciudad somnolienta y pueblerina. Las calles estaban sin pavimentar y en Baquíjano y en todas las calles que hoy conforman el jirón de la Unión se había empleado tacos de madera a modo de pavimento, lo que resulto todo un fracaso. El sistema de alumbrado publico era primitivo y los apagones y cortocircuitos estaban a la orden del día. En las calles existía multitud de alambres sostenidos por un bosque de postes que amenazaban la seguridad de los transeúntes   y afeaban las calles. El servicio de agua potable y desagüe o no existía o era muy deficiente.

En 1908, don Genaro Barragán Urrutia, un poderoso hacendado de Ferrenhafe, al norte del país, compro una finca ubicada en la esquina de Baquijano (cuadra uno del jirón de la Unión) y Minería (cuadra uno del jirón Arequipa,hoy avenida Emancipación). Dos anhos después, en febrero de 1910, ocurrió un pavoroso incendio que conmociono toda Lima, el siniestro redujo a escombros los locales comerciales "Maison Roddy" de Gondonean y "Pergamino" de Viviani. A causa de este incendio, que devoró todo lo que tenia a su paso, se desplomo el segundo piso cayendo sobre el ciudadano francés, don Alejandro Truel, Comandante de la Bomba "France", quien milagrosamente salvo la vida, aunque falleció, después de ocho anhos, en París victima de las terribles secuelas que le dejo el accidente. Se reporto que le escasez de agua evito que le fuego pueda ser controlado a tiempo.

Don Genaro Barragán Urrutia (1847-1916), fue uno de los hacendados nortenhos que contribuyo con las primeras tecnologías en la agricultura peruana construyendo el molino de arroz en el departamento de Lambayeque empleando la fuerza hidráulica. Contrajo matrimonio con donha Antonia Rodríguez Regalado y con ella tuvo  cinco hijos.
Era 1911, había pasado un anho del incendio y los escombros continuaban en la esquina de Baquijano y Minería. El inmueble quedo totalmente inservible por lo que hubo la necesidad de reconstruirlo, pero don Genaro Barragán quería que el nuevo edificio fuese el mas lujoso de la capital, es así que busco en sus oficinas de la calle Amargura -hoy jirón Camaná- a los arquitectos que estaban de moda por ese entonces, los hermanos Guido y Rinaldo Masperi, dos hermanos que llegaron a nuestro país procedentes de Cantú, Italia, a fines del siglo XIX y que se caracterizaron por el disenho de edificios modernos y de un estilo europeo, novedoso para la ciudad, pues hasta entonces se seguía construyendo en Lima con barro y canha y eran contados los edificios de ladrillo y cemento armado.

La Casa Barragán fue inaugurada en febrero de 1913 cuando era alcalde de Lima don Nicanor Carmona Vílchez, fue construida con lo ultimo de la tecnología: concreto y fierro. En el primer piso de este edificio -de estilo "Florale o Liberty" o Art Nouveau italiano- albergo al famoso Palais Concert, una confitería - bar y punto de reunión -según Luis Alberto Sánchez- "de los de más apretado talle y solvencia económica, los escritores, los aficionados a los usos de los literatos, los adictos a las drogas y hasta algún sospechosos de homosexualismo, los alcohólicos, los sencillamente bohemios y los amantes de la vida". En el sótano, iluminado de manera natural a través de una especie de blocks circulares de vidrio, había una gran sala de teatro de variedades y una de las primeras salas de cine de Lima llamada "Palais Concert". Desde el día de su inauguración -menciona la revista Variedades- "la pobre vida nocturna mejoraría notablemente". En el segundo piso se encontraban "Aux Galeries Lafayette de París" y los pisos superiores estaban destinados a viviendas. Y, finalmente, en la azotea existía un mirador y un tanque de fierro para reserva de agua que fue algo novedoso para aquella época.

El edificio gano Medalla de Oro de la Municipalidad de Lima. 

Fuente:
- Lima la Única
- Leguía la Historia Oculta, Carlos Alzamora 



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miércoles, 26 de julio de 2017

LA CASA DE LA CASCADA DE FRANK LLOYD WRIGHT

"En un hermoso bosque se alzaba junto a una cascada una plataforma sólida y alta de roca, y parecía que lo natural era construir la casa encima, en forma de voladizo, sobre la caida del agua ........ Además estaba el cariño del señor Kaufmann por ese bonito lugar. Le encantaba el sitio sobre el que la casa estaba construida y le gustaba oir el sonido del agua. Esto se convirtió en el principal motivo del diseño. Creo que puedes oir la cascada cuando observas el diseño". Frank Lloyd Wright

Localizada en un lugar privilegiado en la Reserva Natural Bear Run del Condado de Fayette en el Estado de Pennsylvania - a 80 kms al sureste de Pittsburgh -, "The Fallingwater" o "La Casa de la Cascada", se ha convertido en casi setenta años en una de las obras maestras de la arquitectura moderna por excelencia.

Esta majestuosa obra, de estilo arquitectónico orgánico, lo que significa que hay una armonía entre el habitat humano y la naturaleza, fue diseñada por el arquitecto norteamericano Frank Lloyd Wright (1867-1959) entre 1934 y 1935, la vivienda venía a sustituir una cabaña muy deteriorada en donde Edgar Kaufmann, su esposa Liliane y su hijo Edgar Jr. - dueños de un almacén de departamentos en Pittsburgh - solían pasar los fines de semana y que fue imposible restaurar, por lo que decidieron levantar una nueva casa de campo. Los Kaufmann llamaron al arquitecto Wright para que les hiciera el diseño. Wright, en esos momentos se encontraba abocado en el diseño de su Broadacre City; por lo que el proyecto se fue demorando; lo que sucedió fue que unos meses después, el arquitecto recibió la noticia de que Kaufmann lo iría a visitar a su estudio para ver cómo iba el avance; por lo que tuvo que, en unas pocas horas, preparar unos bocetos a lápiz además de los primeros planos de la casa sobre la cascada. Sin lugar a dudas que para el diseño, el arquitecto se inspiró en la belleza del paisaje natural con el arroyo donde el agua fluye con calma y libertad. 

"Diseñada para la música de la cascada para quien le gusta oirla"............ 

La única manera de acceder a la vivienda es por un camino en pendiente que cruza el arroyo del Oso a través de un puente suspendido desde el lado sur. Las mismas rocas del terreno sirvieron, no solo como cimentación de la residencia Kaufmann, sino también, para integrarla al entorno y para la mampostería de la fachada de la parte baja de la vivienda. Así también, Wright creó una progresión desde la roca natural del suelo hasta el hormigón de las paredes de las plantas altas; pero no solo la fachada es de piedra natural, también los ambientes interiores, como la sala de estar, el estudio o los dormitorios son del mismo material. 

"Quiero que viváis con la cascada, no solo que la miréis sino que se convierta en parte integral de vuestras vidas".

Wright, a fin de no causar un impacto en el medio ambiente, utilizó pocos colores en la composición de la casa, empleó el ocre claro para los voladizos y el rojo "Cherokee" para los perfiles de acero que sujetan los cristales transparentes de las ventanas, ventanas que en algunos casos crean una doble altura al pasar de una planta a otra; todo el piso es de loseta de piedra natural. La vivienda se distribuye en tres plantas cuyas alturas son bajas, para que el protagonismo recaiga sobre las vistas al exterior. Existe un volumen vertical que es donde está la chimenea, sin embargo, la mayor parte de los volumenes se extienden en forma horizontal con prominentes voladizos y amplias terrazas que aprovechan el hermoso paisaje que las rodea donde el verde de los árboles invade todo el interior y donde el fluir del agua se escucha por todos los rincones. Cada estación del año es una postal diferente, siendo las más famosas las de otoño e invierno.

La vivienda se construyó entre los años 1937 y 1938, tuvo un costo de $ 155,000. Cuentan que al parecer el señor Kaufmann desconfío del cálculo estructural y, secretamente, aumentó el acero, lo que motivó la ira del arquitecto por su falta de confianza. Sin embargo, Wright se equivocó en el cálculo estructural pues gracias a ese acero extra los voladizos no se derrumbaron. Años más tarde, en el 2002, se tuvo que realizar un postensado pues el volado presentaba una deflexión de hasta 20 centimetros, esto logró estabilizarlo pero tuvo un costo exorbitante de $ 11,5 millones, prácticamente diez veces más del valor inicial.   

Cuando el matrimonio Kaufmann murió, el hijo, Edgar Jr., donó la Casa de la Cascada, junto con algunas hectáreas circundantes, a la asociación Western Pennsylvania Conservancy. En 1996 fue declarada Hito Histórico Nacional y hasta el 2011 la Casa de la Cascada recibió a más de cuatro millones y medio de visitantes. Este año 2017, se conmemoran ciento cincuenta años del nacimiento del arquitecto Frank Lloyd Wright.

Bibliografía: "La Casa de la Cascada"

domingo, 21 de mayo de 2017

LAS CENSURAS EN EL PRIMER GOBIERNO DE BELAÚNDE

El Congreso con mayor número de ministros censurados fue el de la mayoría formada por la coalición APRA - UNO, en el primer gobierno de Fernando Belaúnde Terry (1963-1968). Un Congreso cuyas sesiones muchas veces acababa a puño limpio. El 31 de diciembre de 1963 se da la primera de varias censuras, la del presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Gobierno y Policía, el doctor Oscar Trelles Montes. La excusa que utilizó la coalición en la Cámara de Diputados fue que "el gobierno no había tomado las medidas adecuadas para ponerle fin a las invasiones de tierras realizadas por cientos de miles de campesinos, es decir, no había enviado a las tropas para reprimirlos". Este primer gabinete duró solo cinco meses, señal de lo que se avecinaba, al punto que este primer gobierno de Belaúnde tuvo siete gabinetes (Trelles, Schwalb, Becerra, Seoane, Ferrero, Hercelles y Mujica). El Congreso censuraba a diestra y siniestra y por los motivos más diversos e irrisorios. A la cesura del gabinete Trelles siguió la del Ministro de Fomento y Obras Públicas, el Arq. Carlos Pestana Zevallos el 3 de abril de 1964. En octubre de ese mismo año el Ministro de Educación Francisco Miró Quesada Cantuarias, fue interpelado y censurado por abandonar el hemiciclo de la Cámara de Diputados sin que se haya terminado el debate sobre la supuesta transferencia ilegal de varios millones de soles desde su despacho. Víctor Ganoza Plaza, Ministro de Agricultura, fue censurado en febrero de 1965 por el Senado porque "las respuestas al pliego interpelatorio presentado por los Senadores de la Coalición del pueblo, expresa que ellas no han sido satisfactorias". En octubre de 1966, a los 26 años, el doctor Valentin Paniagua Corazao era el Ministro de Justicia más joven de la época, a los cuatro meses de estar ejerciendo el cargo el Senado se opuso a la reforma del Código de Procedimientos Penales que planteó, según la Cámara de Senadores y, al igual que el Ministro Ganoza, "las respuestas no fueron satisfactorias". A esta censura le siguió en la Cámara de Diputados, la de un segundo Ministro de Educación José Navarro Grau, en abril de 1966.

DOS CENSURAS EN UN MISMO DIA

Tanto Javier Alva Orlandini, Ministro de Gobierno y Policía como Miguel Dammert Muelle, Ministro de Trabajo y Asuntos Indígenas fueron censurados por la Cámara de Diputados el mismo día, esto sucedió el 27 de octubre de 1966. La interpelación en el primero de los casos duró 16 horas, el motivo fue por la muerte de una persona durante el enfrentamiento entre policías y manifestantes en Toquepala. En el caso de Dammert se debió a la moción presentada por un grupo de diputados dos días antes de la censura, en la que se le acusaba de "permitir la infiltración de comunistas en el Ministerio y del mal manejo de la política laboral". Dammert se encontraba en ese momento en la Cámara de Diputados, y tras largas horas de debate, se retiró diciendo "no doy una explicación ni espero una gracia. Lo que me duele es que se atrevan a decir que soy injusto con los trabajadores".
El caso de la censura ocurrida el 29 de diciembre de 1966 al Ministro de Educación, Carlos Cueto Fernandini, uno de los más grandes intelectuales que ha tenido el país, fue porque utilizó la palabra "semántica" - una palabra poco conocida para los parlamentarios - al referirse a que "muchos diputados ignoraban la semántica de las palabras", queriendo decir que decían una cosa por otra; es por este motivo que el Senado adujo que "el ministro ha incurrido en inadmisible falta de cortesía y de respeto al Senado de la República ...." Y el último de los ministros en ser censurado por la Cámara de Diputados fue el Ministro de Gobierno y Policía, Luis Alayza Escardó, en julio de 1967.

EL GABINETE CONVERSADO

Fue este Congreso, en manos de la Coalición APRA - UNO, el que censuró el gabinete Trelles, el que provocó la renuncia del gabinete Hercelles - el gabinete conversado -, este gabinete se formó al verse Belaúnde sin aliados y enfrentando una grave crisis económica, su partido Acción Popular intentó establecer una relación funcional con el Parlamento. "Pareciese - menciona Henry Pease - que el único objetivo de Belaúnde era terminar su mandato, aceptando que cualquier intento de reforma era imposible". Las conversaciones entre AP, el APRA y los actores más allegados a Belaúnde, se concretaron en lo que se llamó el gabinete conversado. Sin embargo, al hacerse obvio el acuerdo entre AP y el APRA, Odría decidió terminar con la coalición, la cual, en todo caso, ya había cumplido su objetivo.

FIN DEL RÉGIMEN

La posibilidad de establecer una relación funcional con el Parlamento se vio afectada por una cuestión que hacía ya algún tiempo causaba mucha controversia que era la disputa entre el Estado peruano y la IPC sobre la propiedad de los yacimientos petroleros de La Brea y Pariñas, que lleva a la firma de la controversial Acta de Talara, poco tiempo después de la firma ocurrió el llamado escándalo de la página once. Este escándalo tuvo serias implicancias políticas, todos los partidos políticos - incluso AP - denunciaron el acuerdo. Tanto El Comercio como La Prensa atacaron al gobierno desde sus editoriales. Pero lo más importante fue que 36 generales presentaron un comunicado conjunto en el cual acusaban al Estado de haber violado la soberanía nacional. El régimen de Belaúnde - ya agónico -, no logró resistir los ataques. Hercelles y el gabinete entero presentaron su renuncia. El 2 de octubre de 1968 el presidente nombró a su sétimo y último gabinete que sería dirigido por Miguel Mujica Gallo, al día siguiente, el 3 de octubre de 1968, las Fuerzas Armadas dieron un golpe de Estado.

Bibliografía:
- La Política en el Perú del Siglo XX/Henry Pease García y Gonzalo Romero Sommer
- Las censuras en el Perú/RPP

viernes, 19 de mayo de 2017

LA AVENIDA COSTANERA o PATRIA NUEVA

La historiadora Maria Delfina Álvarez Calderón cuenta que la vía al borde de la costa limeña fue concebida por el presidente Augusto B. Leguía. La idea era unir La Punta con Chorrillos y La Herradura, como parte de la modernización y crecimiento de la ciudad de Lima hacia el sur. La intención era que la ciudad mirara hacia el mar, aprovechando de ser una de las pocas capitales del mundo que se encuentran en la costa. Esta carretera costanera era muy linda,  pues a lo largo de esta vía que se iniciaba en Chucuito a nivel del mar, luego iba ascendiendo hacia la parte alta de los acantilados antes de llegar a la Mar Brava y La Perla ahí, Leguía construyó una casa de estilo europeo para que los presidentes puedan veranear y así fue,  varios mandatarios  hicieron uso de la residencia hasta mediados del siglo XX. La vía tenía un malecón lateral con barandas de balaustres de madera y grandes postes de luz, que les permitía a los transeúntes e incluso a los visitantes de otros distritos, poder mirar toda la bahía. Se construyó una pista asfaltada que permitía a los vehículos trasladarse con velocidad y sin el impedimento de cruces que obligara a detenerse.
El 28 de octubre de 1928, conmemorando el Día del Camino, se inauguró la primera parte de la avenida Costanera desde Bellavista hasta San Miguel la vía conectaba con la avenida Del Ejército para luego seguir hasta Chorrillos y la playa de La Herradura. El presidente Leguía la llamó cartera "Patria Nueva", la bendición estuvo a cargo del Arzobispo de Lima Enrique Martinelli.
Posteriormente, Leguía logró hacer gestiones con diversos propietarios de inmuebles costeños en los distritos de Miraflores, Barranco y Chorrillos. A la caída del régimen del presidente Leguía las obras se paralizaron, el proyecto de construir una carretera hacia el sur, hasta Chile quedó detenida. Con el paso del tiempo y el descuido de algunos alcaldes y presidentes, además del fuerte oleaje que hay en la Mar Brava entre La Punta y La Perla, terminó deteriorando la obra, convirtiéndose en una zona de maleantes que asaltaban a quienes se atrevían a pasar por esos parajes.

A partir de 1950, el arquitecto Ernesto Aramburú Menchaca, inspector de Obras Públicas de las municipalidades de Pueblo Libre, Miraflores y Lima y, más tarde alcalde de Miraflores, impulsó el circuito y uso de las playas de la costa con la idea de mejorar e incluso arborizar el entorno, para lo que formó un vivero de plantas en la zona, de ahí nace el nombre de Costa Verde. Aramburú lo que quería era utilizar el espacio entre los acantilados y el mar para disfrutar el paisaje de la costa y sus playas que mejoró con la construcción de algunos espigones. Más adelante, Eduardo "Chachi" Dibós Chappuis efectuó una carrera de autos que se llamó "El circuito Chachi Dibós".

Bibliografía:
María Delfina Álvarez Calderón, Historiadora