sábado, 5 de mayo de 2018

SABOGAL

"El primer pintor peruano" (José Carlos Mariátegui)
Su afición predilecta era viajar. Cerca a cumplir los diez años, intentó escaparse de su casa para viajar con rumbo a la costa, pero su viaje quedó frustrado. Amigos de sus padres lo regresaron de nuevo a su casa. Quería conocer y pintar el mar. En el año novecientos, recibió una beca para estudiar en un colegio de Trujillo. Era, pues, la oportunidad de ver el mar. "Era como un inmenso vacío con luz de otro mundo. ¡Por primera vez percibíamos el mar. Nuestro corazón se ensanchó ante su visión maravillosa!" Sin embargo, aburrido del colegio trujillano, regresó a su ciudad natal.
José Sabogal Dieguez había nacido por el año 1888 en Cajabamba, al sur del departamento de Cajamarca. Una pequeña ciudad de clima templado, cálido y lluvioso. Más lluvioso en los cálidos veranos que en los fríos inviernos. Jovencito, a los dieciséis años, trabajó en la hacienda Cartavio. Tres años como capataz, le sirvieron para ahorrar el dinero suficiente para cumplir su sueño. ¡El sueño de viajar a Europa! A los veinte años se fue a Lima. Unos días después, partió con rumbo a Panamá, para dirigirse hasta la Ciudad Eterna de Roma. Dos años en aquella ciudad le dieron la oportunidad de estudiar en la Escuela Libre de Desnudo y por las noches, asistir a la Academia Española de Roma.

Imagen relacionada


Sabogal era un hombre recio y bien plantado. De mediana estatura, sus facciones eran fuertes y su gesto adusto. Andaba de prisa y sonreía de improviso y casi a la fuerza. Sus cabellos eran castaños y ligeramente ondeados. Jamás se le veía airado. Le gustaba leer al poeta del Cantar de los Cantares. Pero en las noches, en esas templadas noches de otoño, prefería leer el Don Quijote y en las cálidas noches del verano, las Memorias de Cellini. Era un trabajador infatigable, y severo consigo mismo, tan severo como su obra. "Artista estricto, hombre grave. Hombre estricto, artista grave".
Parte de Roma en un buque con rumbo a la Argentina. En ese país se venían preparando para los festejos por el Centenario de su Independencia. Entre 1912 y 1918, José Sabogal estudió en la Academia Nacional de Bellas Artes. En ese país se encuentra con un movimiento nacionalista muy fuerte. En Buenos Aires tuvo alguna vinculación con el movimiento anarquista. Y es que en esa ciudad habían artistas, unos italianos y otros españoles, todos con esas tendencias, que se reunían de manera regular. Su primera exposición fue en la Biblioteca Popular de Jujuy donde mostró paisajes de aquél lugar. Parte más tarde por tierra con rumbo al Perú. Sin embargo, a la primera ciudad que llegó no fue Lima, sino, el Cusco. Era 1918, Sabogal andaba por los treinta años. Allí conoció a diversos intelectuales de la época, entre ellos, a Luis E. Valcárcel. Expuso una serie de caricaturas en una de las exposiciones que por esos días realizaba Valdelomar en la ciudad. Parte del Cusco y luego de viajar por su natal Cajabamba, parte más tarde hacia Trujillo donde conoce a Camilo Blas. Meses después, ya en 1919, viaja por fin a Lima para mostrar su arte. Su arte de colores vivos lo mostró en una sorpresiva y muy comentada exposición en la Sala Brandes. La Sala Brandes se ubicaba en la calle Espaderos. En el año veinte, ingresa a trabajar como pintor auxiliar en la Escuela Nacional de Bellas Artes. En la Escuela, junto al pintor Daniel Hernández, quien respetó el estilo y las tendencias de Sabogal, realizó, durante algún tiempo, la labor de maestro de dibujo. Allí, en torno a ese taller crecieron: Julia Codesido, "Camilo Blas", Carmen Saco, Cota Carvallo y Vinatea Reinoso. Para el Centenario de la Independencia, realizó dos portadas de temática criolla para la revista Mundial. Dos portadas en las que quiso probar el aguafuerte y la xilografía. Y para dos relatos de Abraham Valdelomar realizó algunos dibujos y viñetas. Uno de ellos fue para "Los hijos del Sol". Amauta, la revista de José Carlos Mariátegui, aparecida en 1926, el título, luego de muchas discusiones, fue sugerido por el propio Sabogal.

Imagen relacionada


Sabogal creía difícil la posibilidad de un arte genuinamente peruano. "Tiene estilo propio en los Andes y allí podría surgir el arte peruano si es que los quechuas se salvan de la influencia yanqui y europea".
Sabogal se casó con la escritora María Wiesse, hija del historiador Carlos Wiesse. Con ella tuvo dos hijos. Su viaje de bodas fue a México. Era el año 1922. El arte mejicano confirmó a nuestro pintor en sus ideas sobre el Perú. "No es verdad que de México regresó indigenista; regresó robustecido en su orientación de tal". Arguedas había dicho que Sabogal: "rompió las diferencias entre Lima y las provincias".
"El Gamonal" es una de sus obras más importantes. Expresaba denuncia y protesta social. Y es que cada viaje a cada rincón del país le servía a Sabogal para nutrirse de su gente y de sus paisajes. Admirado por unos y combatido por sus opositores, nadie podrá negarle su acción en lo más característico de la pintura local. Su obra es la más representativa del arte indigenista.

Imagen relacionada


"El más fuerte, consistente y masculino de los jóvenes pintores peruanos". (Teófilo Castillo)
De no haber sido un pintor le hubiera gustado ser un escultor. Pero lo que si no le gustaba eran las farsas ni los convencionalismos. Y sobre la vida, Sabogal pensaba que, "los hombres han hecho monótona y vulgar la vida, rodeándola de artificios y complicaciones. Pero qué cosa más bella que la vida en su sencillez y en su verdad y qué aventura más interesante que la aventura de la existencia".
Todo el Perú sintió la partida, en diciembre de 1956, de este, nuestro pintor José Sabogal.

Fuentes:
- Revista Variedades
- Sucedió en el Perú, José Sabogal
- Historia de la República del Perú, Jorge Basadre
- Testimonio personal, Luis Alberto Sánchez

AUGUSTO DURAND

La historia de Augusto Durand Maldonado da para varios capítulos. Sobre todo por sus aventuras revolucionarias, como alguna vez escribió Jorge Basadre. Durand había nacido en Huánuco por el año 1871. De padres peruanos, Gregorio y Amalia, pero su abuelo, llamado Jorge Durand, nació en Francia y radicó en aquella ciudad donde los días son cálidos y frías las noches. Augusto, aún muy joven, viajó a Lima. Llegar desde Huánuco a Lima era, por esas épocas, un viaje que demoraba seis largos días, eso significaba, hacer un tramo a lomo de mula y otro tramo por ferrocarril. En el año 1886, ingresó a San Marcos para estudiar Jurisprudencia y Ciencias Políticas y fue aquí, en la universidad, que una mañana, apurado como era su andar, llegó hasta el despacho de don Juan Lama, para matricularse. Se presentó, pues, tal como era él: con mucha soltura. Don Lama, un hombre de talla mediana y algo delgado, le preguntó:

- ¿Su nombre?
- Augusto Diurán ....
- ¿Diurán? ¡Aaah, es curioso! Y dígame, ¿de dónde es usted?
- De Huánuco, señor.
Don Juan, se quitó las gafas, dejó su pluma sobre el pesado escritorio y mirándolo fijamente, le dijo:
- ¡Qué curioso, muy curioso ....!
Augusto Durand lo miró con sus ojos de un color marrón como su chaqueta, y luego le preguntó:
- ¿Por qué? ¿Qué le llama tanto la atención, señor?
- Le repito que es muy curioso. Yo conocí --de esto hace ya mucho tiempo-- a un Gregorio Durand, y precisamente era de Huánuco también.
Durand, un poco incómodo, se acomodó en la silla y le explicó:
- Mire usted, le voy a explicar. Gregorio se llama mi padre y mi abuelo, que era francés, se llamaba Jorge Diurán.
- ¡Ah, bueno, bueno, bueno! Pero ...... usted es hijo de su padre y ¡no de su abuelo!
Y así, continuó el interrogatorio.
- Sigamos, entonces, joven Augusto Durand .......

Imagen relacionada


Augusto Durand era muy astuto e inquieto. Después de graduarse de abogado, se dedicó a la agricultura y especialmente a la explotación industrial de la coca en su ciudad natal. Joven, a los veintitrés años empezó su carrera política al lado del "Califa", de Nicolás de Piérola, quien por entonces estaba a punto de convertirse en el próximo Presidente de la República. Cómo hizo, no lo sé, pero antes de cumplir los veinticinco, como señalaba la Constitución, Durand, fue elegido para la Cámara de Diputados. Y así tan joven como era la presidió. Por el año 1899, se comentaba por algunos rincones de la capital, que ese joven de talla regular, robusto y de ojos vivaces, era, pues, un potencial sucesor de Piérola. Sin embargo, Basadre cuenta que "el plan del "Califa", era desgastar a quien podría ser un nuevo y peligroso rival". Y hubiera seguido siendo "potencial", de no haber existido, ese mismo año de 1899, un pacto entre Piérola y el civilismo. Ese acuerdo no fue del agrado de Durand, de ideas más populistas y así fue que, en 1901, fundó el Partido Liberal que, aunque llevaba tal nombre, éste no tenía una ideología clara. Su programa incluía el anticlericalismo, el gobierno transparente, el respeto por la Constitución y el debilitamiento del Poder Ejecutivo a favor del Legislativo. Sin embargo, Augusto Durand ganó gran popularidad en las revoluciones de 1894 y 1895. En las sesiones preparatorias para el Congreso de 1897 salió a la luz su voz, una voz fuerte y agresiva. En julio de ese año pronunció un discurso que dejó asombrados y boquiabiertos a todos los parlamentarios: "Es preciso decir las cosas alguna vez con claridad. Un plan legicida, salido de ese fétido fango de Palacio, donde hoy como nunca se combinan las tramas más inicuas para el escarmiento de la ley, es la causa de lo que actualmente pasa". Por supuesto que al salir de la sesión, Durand y un grupo de amigos fueron hostilizados, los siguieron hasta el Hotel Francia e Inglaterra, a unos pasos de la Plaza de Armas y la policía, pues no hizo nada ......
Fuentes:
- Historia de la República del Perú de Jorge Basadre
- Revista Variedades, año 1920
- Los Señores, Luis Alberto Sánchez
- La Política en el Perú del siglo XX, Henry Pease García y Gonzalo Romero Sommer

EL DÍA QUE ATENTARON CONTRA AUGUSTO DURAND

Un día como hoy, 19 de abril, ocurrió un atentado contra Augusto Durand Maldonado. Fue en el año diecinueve. Por entonces, Durand, inquieto como era, estaba próximo a cumplir los cincuenta. Se trataba de un grupo de malhechores que trató de asesinarlo en la localidad de Punta de la Esperanza, en Huánuco. Durand era popular por organizar revoluciones contra algunos gobiernos de lo que Basadre denominó, la República Aristocrática. Esa calurosa tarde, el cielo era de un celeste intenso, Augusto Durand, de talla mediana y robusto; de ojos vivaces y con un bigote breve; atravesaba el campo acompañado del español Eduardo Atard y Serrano. Ambos iban montados en elegantes caballos blancos. Al parecer, esa fue la causa de la confusión; pues la bala que iba dirigida hacia Durand mató a Atard. A Durand le rozó el estómago. Por suerte y aunque su vida corrió peligro, salvó de morir. Pero el balazo dejó una huella imborrable en él. Se cree que cuatro años después, esa fue la causa de su muerte; aunque no se descartó que haya sido envenenado. Las primeras indagaciones apuntaban a que el atentado fue cometido por motivos "de carácter personal y lugareño" pero, sin embargo, existían algunas versiones que indicaban que éste tuvo "contenido político". Uno de los malhechores inculpados era Luis G. Rivera, vinculado al leguiísmo.

Imagen relacionada


A los pocos días del suceso, el juez de Huánuco, Oscar O. Chávez, ordenó la detención no solo de Rivera, sino también, de los ocho o nueve cómplices que lo acompañaron esa tarde. Meses después, cuando se produjo el golpe de Augusto B. Leguía contra el Presidente José Pardo, el 4 de julio de 1919, se apoderó de la prefectura de Huánuco el mayor Enrique Gómez. Gómez ordenó a Chávez que libere de inmediato a todos los implicados. Sin embargo, el juez Chávez se negó. No contento con ello, Gómez procedió de hecho. Liberó a todos los presos participando, poco tiempo después, junto al mismo Rivera, en los desmanes ocurridos luego de los festejos por el triunfo de Leguía ese día 4 de julio. A los pocos días, el juez Chávez fue obligado a abandonar Huánuco. Al arribar a Lima, luego de casi una semana de viaje en mula y ferrocarril; consiguió que el Poder Judicial inicie un proceso contra Gómez por haber liberado a los presos; ordenando, incluso, su detención. Sin embargo, el Gobierno decidió amparar a Gómez. Lo amparó hasta que se dio una ley que puso punto final al juicio. Esto trajo como consecuencia que el juez Chávez abandonase la magistratura. Pero lo curioso, si cabe el término, fue que Gómez, que liberó a los malhechores que atentaron contra Durand, fue ..... ¿castigado? No, todo lo contrario, fue nombrado edecán del Presidente de la República y Rivera, uno de los principales malhechores, fue nada menos que nombrado alcalde de Huánuco. Es decir, ambos fueron más que premiados.
Tres expedientes se formaron entonces: "los autos sobre el homicidio de Durand y Atard; el juicio incoado contra los que faltaron a la autoridad del juez Chávez y la causa que se inició contra el prefecto Gómez". El historiador Jorge Basadre menciona que se debía estudiar detenidamente cada caso a fin de esclarecer los hechos. Conviene distinguir, continúa, entre el origen del crimen de Punta de la Esperanza y la impunidad concedida a los sujetos que quisieron asesinar al lider del Partido Liberal, por obra de los mismos que intentaron destruir La Prensa, diario de su propiedad, ese mismo año de 1919. Durand fue deportado del país y continuaron tratando de hacerle el mayor daño posible a sus propiedades y a sus intereses. ¿Quiénes? Los mismos que atentaron contra su vida.
Fuente:
- Historia de la República del Perú, Jorge Basadre
- Los Señores, Luis Alberto Sánchez

DON SERAPIO CALDERÓN

Era la primera vez que un segundo vicepresidente asumía la Presidencia de la República. Sucedió en el año 1904, cuando en la mañana del 7 de mayo de ese año, a los sesenta y tres años, fallecía en Arequipa, el Presidente Manuel Candamo Iriarte. Ocurrió que el primer vicepresidente, el doctor Lino Alarco Brediñana, no llegó a juramentar el cargo pues murió en junio de 1903. Aunque se discutió en el Congreso para nombrar un reemplazo finalmente, se adujo que en la Constitución, la de 1860, prescribía que los vicepresidentes debían ser elegidos "al mismo tiempo, con las mismas calidades y para el mismo periodo del Presidente". En el siglo XIX sucedió un caso parecido, pero no idéntico. Fue en 1863, al fallecer el Presidente Miguel de San Román. En esos momentos, Juan Antonio Pezet, su primer vice presidente se hallaba en Europa y por ese motivo tuvo que ser reemplazado, aunque por unos pocos meses, por Pedro Diez Canseco, el segundo vicepresidente. Hubo otro caso, apenas por una corta semana, el de Mariano Herencia Zevallos, que asumió el cargo cuando fue asesinado el coronel José Balta y Montero en 1872.

Imagen relacionada


Serapio Calderón Chirinos había nacido en 1843 en la provincia de Paucartambo, a 110 kilómetros del Cusco. Paucartambo es un hermoso valle de callecitas estrechas y empedradas con sus casonas blancas y balcones de color azul añil. Calderón tenía por entonces sesenta y ún años, aunque aparentaba tener mayor edad. Recibió una educación liberal que le impartió en su época de colegial Pío Benigno, anti-clerical con todas las de la ley que, entre otras cosas, le enseñó a ser enemigo del alcoholismo. Estaba casado con doña Margarita Almanza Oblitas con quien tuvo tres hijos. Fue diputado y perteneció al grupo de "los chinos de Manuel". Los "chinos" era una mayoría que apoyaba al primer gobierno civilista, el de Manuel Pardo y Lavalle. Sin embargo, el presidente interino también había ocupado no solo el cargo de prefecto, sino también, fue profesor de Derecho Constitucional, Rector de la Universidad del Cusco y, además, Presidente de la Corte Superior de esa ciudad. Es decir, ocupó muchos cargos pero jamás soñó, ni se le pasó por la mente, llegar a ocupar la presidencia del Perú.
Durante su corto periodo de gobierno, del 7 de mayo al 24 de setiembre de 1904, don Serapio tuvo muchas anécdotas. Cuenta Basadre que una mañana de frío invierno, cuando del cielo gris caía una fina garúa, llegó hasta la antesala del despacho presidencial muy apurado uno de sus ministros:

- ¡Un momento, señor ministro! --lo dijo el edecán; un hombre alto, flaco, de unos setenta años, vestido con su uniforme azul y rojo-- no puede ingresar al despacho.
- ¿Por qué? --le respondió el ministro.
- Porque el presidente está en "su hora sagrada".
El ministro, lo miró fijamente con sus ojos negros y sus grandes bigotes y le respondió:
- ¡Hora sagrada, es que está rezando!
- ¡Nooo, no! Es la hora que el presidente lee todos los periódicos, los gobiernistas y los de oposición. Le interesa saber qué piensa la opinión pública ......

Imagen relacionada


En otra ocasión, estando en su despacho con un alto jefe militar, éste le dijo casi como un susurro al oído que podía perpretarle en el poder.
- ¿Qué me está diciendo? --le respondió con asombro don Serapio-- ¡No, no, no, cómo cree, eso es imposible! Prefiero mi tranquilidad. Oiga, continuó, ¿y los derechos de los ciudadanos, dónde quedan? ...... ¡Olvídese de eso y no me lo vuelva a mencionar! ......... Y por último, la habitación de Edelmira, una de sus hijas, quedaba al costado de la suya. Sucedió que el día de su cumpleaños, envió a su edecán para saludarla ¡en nombre del Presidente de la República!
Al poco tiempo de haber asumido el poder el Presidente Serapio Calderón, la escena política no era muy sencilla. Al contrario, era bastante compleja. El Partido de Nicolás de Piérola, el Demócrata, estaba dividido y a su vez el Partido Civil empezó a tener algunas fisuras. La crisis en el Civil se debió al cambio generacional, pues los de la vieja guardia pensaban que los jóvenes civilistas, con sus nuevas ideas, podían hacerle daño al Partido. Al final de cuentas, ganaron los jóvenes y presentaron como candidato a José Pardo y Barreda, quien andaba por los cuarenta y dos años. Pardo, que hasta antes de la campaña había ocupado el cargo de Primer Ministro, ganó las elecciones, como único candidato.
Serapio Calderón falleció en el Cusco en abril de 1922.
Fuentes:
- Historia de la República del Perú de Jorge Basadre, tomo VII, año 1943
- La Política en el Perú del siglo XX, Henry Pease García y Gonzalo Romero Sommer

EDUARDO LÓPEZ DE ROMAÑA

Cuando estaba por finalizar el gobierno de Nicolás de Piérola, allá por el año 1898, su partido, el Demócrata, no tenía un candidato para que lo suceda. Parece mentira, pero así sucedió. Su hermano Carlos de Piérola estaba descartado por razones morales. Manuel Pablo Olaechea era una posibilidad, pero había la duda si aceptaría o no. ¿Y Billinghurst? El problema con Billinghurst fue que era un disidente pues no estuvo de acuerdo con la unión entre demócratas y civilistas. Sin embargo, este grupo de demócratas disidentes o billinghuristas lo proclamó como el candidato a la presidencia de la República. Mientras tanto, por el lado de los pierolistas, un posible candidato podía ser Alejandro López de Romaña, el hermano de Eduardo. Mas Alejandro propuso a Eduardo aunque Eduardo, pese a que había sido el primer Ministro de Fomento, una cartera creada en el gobierno de Piérola, no era del círculo de los demócratas ni tampoco andaba muy ligado a los asuntos públicos. Sin embargo, esta independencia era más que un motivo para auspiciarlo. Ante esta candidatura "oficial" de López de Romaña Billinghurst, entonces, renunció.

Imagen relacionada

Eduardo López de Romaña Alvizuri había nacido en Arequipa el 19 de marzo de 1847. Fue el primer presidente con la profesión de ingeniero. Se educó en Stoneyhurst, Inglaterra y ostentaba un grado de King's College de Londres. Su especialidad era la construcción de puentes. Estuvo un tiempo trabajando en Inglaterra y otro tiempo en el Brasil. Don Eduardo era un rico propietario, dueño de varias haciendas en el valle del Tambo. Al retornar al Perú y a su ciudad natal le dio a ésta el servicio de agua potable. López de Romaña era un hombre alto y delgado. Su voz era suave y suaves sus modales. Tuvo dos matrimonios. El primero con María Josefa de Castresana y García de la Arena con la que tuvo tres hijos. Años más tarde, casó con su cuñada, Julia de Castresana y García de la Arena, con ella tuvo seis hijos.

Lima era por el año novecientos, una ciudad que empezaba a crecer. Dos grandes avenidas habían sido inauguradas a finales del siglo XIX. El Paseo Colón y La Colmena. La población apenas llegaba a un poco más de 100 mil habitantes. Era una ciudad que miraba a Europa y los Estados Unidos no solo en su mentalidad sino, también, en la vida cotidiana. Dos o tres años antes había llegado a la capital el cinematógrafo en el que se exhibían imágenes en movimiento del Viejo Mundo. La élite limeña podía saber, a través de esas imágenes europeas, cómo se vestían, cómo calzaban, qué sombreros usaban. Cómo eran los bares y restaurantes. Cómo eran los edificios, etc. Poco a poco, a la capital iban llegando algunos automóviles, la bicicleta, la máquina de cocer y de escribir, el teléfono y más. Asistían a las corridas de toros, a las procesiones, a los famosos paseos a las Pampas de Amancaes. En esa vieja Lima no existían los hoteles y si los habían eran vetustos y pequeños. El espacio público -la calle y la politica- estaba reservado para los hombres y el privado, es decir, la casa, era gobernada por las mujeres. 

Imagen relacionada

Era López de Romaña, el candidato ideal. Por su perfil bajo no haría peligrar la alianza entre los civilistas y los demócratas. Lo distinguía su afabilidad pero también tenía un don irónico que lo caracterizaba. Tranquilo y sin pretensiones públicas. Dueño de una gran cultura sin ostentaciones. Solía escribir un comentario en latín y otro en griego en cada uno de sus libros, al lado de la fecha de lectura. Escribía cuentos. Cuentos que fueron famosos y en ellos hacía juicios sarcásticos contra los hombres y las cosas.
El 8 de setiembre de 1899, Eduardo López de Romaña con cincuenta y dos años, inicia su gobierno. Un gobierno un tanto agitado. Su primer gabinete, el gabinete Gálvez no duró ni tres meses. El 2 de diciembre renunció. Le siguió el gabinete Riva Agüero pero tampoco duró mucho tiempo. Tuvo un voto no de censura sino, de desconfianza. Y es que no contaba con la mayoría parlamentaria. Un tercer gabinete, el gabinete Almenara, fue, según algunos, el inicio del fin de la alianza entre demócratas y civilistas. Furiosas tormentas y vientos huracanados se avecinaban en el Parlamento. En el Parlamento y a nivel electoral también. La cálida luna de miel entre la alianza, pues, terminó en un frío divorcio.
Luego de tantas tormentas políticas además que al inicio de su gobierno hubo algunas montoneras en diversos lugares del país; agregado a todo esto, que durante su gobierno, pero en 1903, apareció un brote de peste bubónica, López de Romaña terminó tranquilamente su mandato. Se enfrentó a la falta de comprensión de los capitalinos frente al provinciano, a los odios anti-pierolistas que heredó y al propio rencor pierolista que lo acompañó desde la mitad de su periodo. Al inicio muchos creían que era tan solo una pantalla y que tras ella iban a gobernar Piérola y los demócratas y todo con el fin de que, pasados cuatro años, se exhibirían en el poder. Pero no fue así. Era muy conservador y muy religioso. Sin embargo, esa devoción no perturbó su gobierno. No se rodeó de parientes, ni se repitió con él lo ocurrido con Carlos de Piérola, que presidió la Cámara de Diputados y que sirvió para que Juan Pardo y Roberto Leguía ocuparan ese mismo cargo durante los gobiernos de José Pardo y Augusto B. Leguía. Fue honrado como él solo. Tanto, que si había un exceso en los gastos de Palacio él los pagaba con su dinero. Y en Palacio ahorraba en el encendido de las luces. Luces que no se usaban, luces apagadas. Era sencillo y campechano. Como Presidente y pese a los halagos que otorga el poder, llevó una vida frugal y modesta. Algunos lo insultaban pero él sólo atinaba a decir: "¡Bah! Este es uno de tantos quejosos que se desahoga a su modo". 
Terminado su mandato, en 1903, López de Romaña nunca más intervino en política. Nunca más ambicionó un cargo político. El Presidente Manuel Candamo no le tuvo muchas consideraciones. Estando en la presidencia no le ofreció un buque de la escuadra para su viaje a Mollendo. Se fue en un barco mercante. Pocos días después, recibió una oferta de la prefectura de Loreto. "¡Ya está Pedro viejo para cabrero!" Pasó el resto de su vida, inadvertido y tranquilo viviendo en algún bello rincón de Arequipa. Cuando menos se esperaba dejó de existir. López de Romaña murió en Yura, Arequipa, el 26 de mayo de 1912. Tenía sesenta y cinco años.
Fuente:
- Historia de la República del Perú, Jorge Basadre
- Revista Variedades