sábado, 11 de mayo de 2019

VALDELOMAR

"Es el hombre más original y complejo; más raro y sencillo; más paradojal e inteligente". Pedro Abraham Valdelomar Pinto nació un día como hoy del año 1888 en el tranquilo puerto de Pisco; aquel puerto con su inmenso mar y su caleta dormida, la caleta de San Andrés; con sus acequias, sus sauces, sus palmeras y sus chozas humildes como humilde y sencilla era su iglesia que dejaba escuchar el repiquetear de sus ligeras campanas. Nació cuando muy lejos de allí, en Barranco, el maestro Manuel González Prada escribía su famoso discurso aquél de "Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra". Valdelomar, de cabellos negros y ensortijados, de mirada irónica, ojos negros, rasgados y reilones, "es una paradoja con anteojos encintados y cuello Chateaubriand". Valdelomar, que empleó el seudónimo de "Conde de Lemos", era un Colónida. Colónida fue una corta aventura que inició en el amanecer de 1916; Colónida fue un "grito de audaz rebeldía"; una revista donde se combate con dureza a los "viejos y adefesieros paladines". Fue dibujante y caricaturista; carrera que comenzó junto al gran Julio Málaga Grenet. Cuatro años fueron en los que llenó de dibujos de rasgos escuetos y simples, a tinta china, todos los periódicos de la época; y en Monos y Monadas en que figuraba ya Leonidas Yerovi. Pero la caricatura la dejó violentamente para dedicarse a las letras y por las letras y el periodismo dejó los viejos claustros de Letras de San Marcos donde, según algunas voces, no era un buen estudiante. Fue secretario de don José de la Riva Agüero y fue el periodismo el que lo llevó hacia el año doce a ser parte de la campaña política que llevará a Billinghurst a la presidencia luego que compitiera junto a un encopetado civilista como lo era don Ántero Aspíllaga. Aquella fue una famosa campaña, la de "Pan Grande", la misma campaña que el diario La Crónica denominó entre el "champagne o la cerveza".

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Valdelomar con su pluma ataca y exalta, llora y canta. Su pluma vibra. Su pluma y su obra fue breve e intensa como lo fue también su vida. Nadie al verlo pasar por el viejo jirón saliendo de La Prensa camino al Palais Concert vestido de manera extravagante con sus escarpines, la chaqueta gris, larga y entallada llevando en el ojal una magnolia y en cuyo índice derecho relucía un "insolente y malagorero ópalo"; nadie pensaba, ni aquellos que sorprendidos lo miraban y admiraban enarbolando en el antebrazo izquierdo un grueso bastón de malaca, que tras ese aspecto de "gomoso" y elegante, se escondía uno los espíritus más intensos del movimiento literario del Perú.
Hacia el año quince Abraham Valdelomar se convierte en el "hombre del monóculo". El "hombre del monóculo" que "asusta al burgués", con sus quevedos de carey adornados con flotantes cintas negras o blancas. Escribe todos los días tres o cuatro columnas a las que llamó Fuegos Fatuos o la tan famosa sección Palabras en el diario de Baquíjano. Lo acusaron de ser imitador de Wilde y D'Annunzio. Sus poses eran un desafío en esa Lima pacata y dormida. La pose en Abraham Valdelomar era una característica. Difícil era diferenciar cuándo en él había un gesto fingido de otro sincero. "Los gestos dudan de mi sinceridad. ¿Por qué? Si yo no fuera sincero ¿podría ser artista? Soy sincero, y la sinceridad mana de mi corazón [..]". Y sinceramente también amaba Barranco.

- ¿Qué le gusta más de Barranco?
- El rincón azul de los jacarandás; las avenidas sobre el mar, las noches de luna sin la profanación del voltio y del amperio; sus calles arboladas; la palmera que se abanica en el parque [..].
- ¿Escribe usted algo en Barranco?
- Versos. Versos. Versos. Lindos versos......
- ¿Cuál es su autor favorito?
- Depende de las estaciones. En invierno me gustan las misteriosas tragedias de Maeterlinck. En otoño leo a Kempis, porque Kempis es otoñal. En primavera, en los días luminosos que aun no tienen calor procaz del estilo, me gusta Pitágoras. Pitágoras es abstracto y diáfano [..]. En verano leo a Rudyard Kipling. ¡Kipling!

El cuento de "El Caballero Carmelo", es posible que lo empezara a escribir en Lima mucho antes de embarcarse, a inicios de 1913, a Roma para luego presentarlo en un concurso literario convocado por el diario La Nación de Lima. Se presentó bajo el seudónimo de "Paracas". El jurado estuvo integrado por el historiador Carlos Wiesse Portocarrero, Emilio Gutiérrez de Quintanilla y el poeta Enrique Bustamante y Ballivián, director del diario y amigo de Valdelomar.
Así era Abraham Valdelomar, al que no le importaba decir que "si para llamar la atención tuviera que salir vestido de amarillo, lo haría sin titubear. ¿O creen que un zambo como yo atraería de otra manera la atención?" Amaba ser visto, oído, admirado pero también amaba ser odiado. No resistió este "niño terrible que se nos fue terrible y niño", la indiferencia ni el silencio.
Fuentes:
- Valdelomar y la Belle Epóque, Luis Alberto Sánchez
- Valdelomar, su tiempo y su obra, Luis Alberto Sánchez
- Valdelomar, Víctor M. Pacheco Cabezudo
- Valdelomar por él mismo/Editor: Ricardo Silva-Santisteban

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